Alerta “escruches”: el delito que golpea en las vacaciones y que cometen bandas mixtas de “niños bien” y “pibes chorros”

Alerta “escruches”: el delito que golpea en las vacaciones y que cometen bandas mixtas de “niños bien” y “pibes chorros”

El periodista Sergio Lapegüe (57) disfrutaba de sus vacaciones en la Riviera Maya, en México, cuando recibió la peor noticia del viaje: dos ladrones habían ingresado a su casa de Lomas de Zamora. Un tercero los esperó afuera, en el auto que habían llegado, y escaparon. Fue el viernes 14 de enero.

Tres días después le llegó el turno al futbolista Marcos Rojo (31). El robo ocurrió mientras Boca Juniors y Colo Colo se enfrentaban en el Estadio Único de La Plata, y la víctima miraba el partido desde una platea. El jueves la víctima "conocida" fue el periodista político Mariano Obarrio (54). "Llego a media tarde a mi casa y la habían dado vuelta", publicó en su cuenta de Twitter, y adjuntó fotos sobre cómo habían quedado las habitaciones después del robo.

No hay estadísticas oficiales, pero tres fiscales de distritos del Conurbano consultados por Clarín lo sostienen: los escruches, es decir la modalidad de robo de la que fueron víctimas Lapegüe, Rojo y Obarrio, aumentaron en los últimos años. En cambio, la otra modalidad, denominada entradera, bajó. A pesar de que esta semana se conoció un hecho muy violento: el robo a una familia en su casa del country San Eliseo, de San Vicente. Los ladrones tenían armas y le arrancaron seis uñas a la mujer para que les entregaran el dinero. Se llevaron cerca de 4 millones de pesos.

El objetivo de los ladrones sigue siendo el mismo: las casas. Lo que cambió es la modalidad. "La mutación no es novedosa", asegura un fiscal de la zona norte. "Diría que hace cuatro o cinco años que el escruche aumenta y las entraderas bajan. Creo que tiene que ver con las penas y las pruebas para condenarlos".

Una fiscal del sur opina que todo pasa por la tecnología y las medidas de seguridad. "No es fácil evadirse de una entradera. La razón del 'escruche' es evitar el conflicto con la ley penal. Es una moda que trajeron los ladrones colombianos y chilenos", dice.

​El tercer fiscal consultado por este diario también es de zona norte. Describe las diferencias entre los ladrones de cada modalidad: "El que hace entraderas en la actualidad es un 'limado', o que sale de la cárcel, consigue un arma y sale a suerte o verdad. El escruche es más estudiado. Un delito pensante contra un delito cometido por 'limados'"

Además "es temporada" para los escruchantes, por lo que los casos serían aun más. Mientras durante el año prefieren entrar a las casas los viernes o sábados por la noche, a la hora que suponen que los dueños salen a cenar o a algún cumpleaños, durante el verano salen todos los días, a toda hora, creyendo que las casas están vacías, por las vacaciones de sus dueños.

Los fiscales lo afirman y el abogado Mariano Lizardo detalla desde lo legal. Lo que sería un robo calificado en modalidad de entradera tiene una pena mínima de 6 años y 8 meses. Faltarían los posibles agravantes, como un "poblado y en banda" o una "tenencia de arma de guerra".

Alerta “escruches”: el delito que golpea en las vacaciones y que cometen bandas mixtas de “niños bien” y “pibes chorros”

​"A los procesados ​​se les está ofreciendo un juicio abreviado por 7 años de pena. Es eso o el riesgo de ir a juicio y recibir 12 o 15 años por una entradera", aclara Lizardo. En cambio, el mínimo de un escruche es de 3 años. Hasta ahí, excarcelable. Pero con un agravante, puede quedar en 4 o 5 años. "Sin antecedentes la aplicación de la pena se deja en suspenso. Y en muchos casos, a los 8 meses de cárcel pueden ser liberados", agrega.

"Más temprano que tarde los robos con armas van a ir desapareciendo, como en Europa. Por un lado porque cada vez hay menos efectivo. Segundo, porque el delincuente común prefiere trasladar droga en un auto. Si lo detienen camino a un robo y le encuentran un arma, recibe un mínimo de tres años por portación, sin haber generado un solo peso", dice Lizardo.

Pero en los casos como el de la vivienda de Marcos Rojo, ni siquiera se trataría de un robo. Como los ladrones recibieron la llave original, o una copia, e ingresaron a la casa sin forzar puertas ni ventanas, el hecho se califica como un "hurto". Su pena mínima es de un mes.

"Son más abogados que nosotros", dice una fiscal del sur bonaerense, que lo sostiene a partir de horas y horas escuchando sus conversaciones: "Por ahí reciben llamados de presos y los asesoran sobre los años que les quedan para acceder a los beneficios. O salen y dicen 'voy a hacer una modalidad más tranquila, porque quiero estar libre por un tiempo'. El que tiene dos neuronas, piensa en su libertad. A pesar de sus limitaciones, son muy astutos. Tienen viveza en lo que hacen".

Ella marca otro cambio: ladrones que hacían entraderas, se están dedicando a los robos pirañas: se suben a una moto y roban celulares y pertenencias de varias víctimas, a punta de pistola.

Pero en lo que son los robos a casas, la fiscal habla de un "cambio de paradigma". Según su interpretación, en base a investigaciones en territorios del sur, comenzó con la llegada al país de ladrones colombianos y chilenos. "Exportaron un lema: no usar armas para robar, y lo instalaron". La versión colombiana del escruchante es denominada "apartamentero". Los primeros aterrizaron en Buenos Aires entre 2008 y 2009. En un principio, y durante años, formaron una especie de comunidad de compatriotas que se movía por los barrios de Congreso, Monserrat y alrededores. Vivían en hoteles familiares. Pero desde 2015 en adelante se mudaron a villas del conurbano. Y allí, a partir de relacionarse con ladrones argentinos, nacieron bandas mixtas.

Con los chilenos, llamados "monreros", pasó algo similar. No aceptaban argentinos en las bandas, mientras paraban en la ciudad. Pero cuando se mudaron a villas de La Matanza y de zona norte, cambiaron de opinión. Los argentinos facilitaban los autos y sus conocimientos territoriales para escapar, y los extranjeros su experiencia para abrir puertas. Con el tiempo los argentinos aprendieron el uso de las herramientas y los extranjeros se fueron. Y se armaron bandas solo de bonaerenses.

Uno de los fiscales de zona norte consultados por Clarín habla de otra fusión: "niños bien" y "pibes chorros". Según su información, habría nacido en discotecas y fiestas de música electrónica. Los primeros eran-son-escruchantes experimentados. Los otros preferían usar armas y dedicarse a las entraderas. La vestimenta, el sector que ocupaban y lo que consumían dejaban bien en claro que a los escruchantes "les iba mejor", desde lo económico. De ahí que algunas bandas de entraderas se pasaron al escruche. O que los escruchantes sumen a miembros de entraderas a sus bandas. Unos ponen su inteligencia y su experiencia para abrir puertas y, los otros, su temperamento.

"Los que vienen de las entraderas son más corajudos. Están más dispuestos a todo, y los buscan porque puede pasar que los dueños de la casa lleguen durante el robo", dice un investigador.

​"Entendieron que no necesitan más logística que un auto, herramientas, ropa oscura, guantes y decidirse por la que creen que es 'la casa indicada'. Además son conscientes de que es más difícil de ser descubiertos. Una entradera suele ser violenta y la policía puede montar un cerrojo", plantea uno de los fiscales. "Y está el tema de los medios y la repercusión que generan. En cambio en un escruche es más difícil detenerlos. Salvo que tengas sus rastros dactilares o una imagen nítida de alguna cámara que los haya registrado", remarca.

Uno de los cambios que notan los investigadores son los botines. Mientras antes lo común era que los ladrones desvalijaran las casas por completo, hoy prefieren limitarse al efectivo y las joyas. El tiempo que pasan adentro, mientras uno se queda de campana y advierte por teléfono si hay movimientos extraños, es para buscar lo más codiciado de un robo. Sabiendo que puede estar guardado en los lugares más insólitos. Pero bajo la convicción a partir de una costumbre que caracteriza a los argentinos: "guardar los ahorros bajo el colchón". "Con la devaluación del peso, no es negocio el plazo fijo. Mucho efectivo volvió a las casas. Han robado a empresarios o comerciantes que tenían sumas grandes no registradas. O buscan casas de ancianos que cobran jubilaciones en euros", coinciden los consultados.

Sobre las nuevas bandas de escruches, con pasado en entraderas, la fiscal dice: "Son gastadores seriales. Por ahí se roban un millón en un escruche y no les dura nada. Al mes están sin plata. La desesperación y el creerse 'maestros del delito' los lleva otra vez a la entradera y caen presos. Elegir una casa, mirar si hay un auto en la puerta o no, dejar el papel para comprobar si los dueños llevan días afuera, implica tiempo. La entradera es al voleo. Ahí caen".

Las bandas más tradicionales de la modalidad cuentan con otro perfil, según otro investigador: "Tienen otra inteligencia, son más ahorrativos. Apuntan a comprar su casa propia, o invierten en remodelaciones de propiedades o negocios que les generen más dinero. Son más de perfil bajo".

GL

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