Málaga Nita Carmona, la futbolista de Málaga 'lapidada' en el estadio que regateó al machismo en el siglo XX

Málaga Nita Carmona, la futbolista de Málaga 'lapidada' en el estadio que regateó al machismo en el siglo XX

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El periodista deportivo Jesús Hurtado ha dedicado media vida a estudiar la historia del Vélez Football Club. Antes de publicar libros sobre el equipo, el reportero se pateó las calles del municipio y conoció a algunos de sus primeros jugadores. Había varios con motes especiales como el Patacañón, que al pegarle tan fuerte al balón lo rompía, o el Batatero porque su padre vendía papas dulces cocidas con miel.

Hurtado se topó hace décadas con el sobrenombre de Veleta en algunas de las alineaciones, que aparecían en periódicos de la época. El periodista intentó sin éxito averiguar la identidad del susodicho. "Cuando preguntaba me decían que era muy particular. Hasta les cambiaba la cara. Pero no me contaba mucho", recuerda en una entrevista con EL ESPAÑOL de Málaga donde canta de memoria la alineación entera de motes del Vélez.

Hurtado se ganó la confianza de algunos de los exjugadores del equipo entre vinos y tertulias, pero seguía sin dar con quien estaba detrás del peculiar mote. "Hubo un momento en que desistí en solo quedarme con Veleta", reconoce el coleccionista que ha llevado a cabo un trabajo titánico y excepcional hasta descubrir la identidad femenina tras el apodo.

Uno de ellos le confesó muchos años después que Veleta era una mujer. "Cuando hablaban de ella lo hacían con cierta tristeza, nostalgia y misterio. Tenían un pacto de caballeros porque mantuvieron el secreto bajo llave hasta el final de sus vidas. No sé si por la situación de que jugara una mujer que incluso lo podía hacer mejor que ellos, que lo hacía", asegura.

La futbolista posa con el Vélez CF.Jesús Hurtado / Velezedario

Ni prófugo ni gay: era una mujer

Se trata de Ana Carmona Ruiz Nita, la primera mujer en jugar en un equipo masculino de fútbol español en los años 20. Lo hizo disfrazándose de hombre, vendándose los pechos y recogiéndose el pelo. La apodaron Veleta porque "cambiaba de forma: entraba como mujer al campo y salía al césped como futbolista", le contaron a Hurtado, que siempre pensó que Veleta podía ser homosexual o un prófugo. "Ni prófugo ni gay: era una mujer", celebra.

A lo largo de la historia siempre hubo mujeres valientes capaces de romper con todo de la forma más radical posible: disfrazándose de varón para que su obra o profesión pudiera salir a flote. Ocurrió con médicas, botánicas, exploradoras y universitarias (como es el caso de Concepción Arenal, que tenía que ir vestida como un hombre para estudiar Derecho en la universidad). Y también con Nita.

Esta pionera del deporte rey nació el 16 de mayo de 1908 en el barrio de Capuchinos. Se enamoró de la pelota cuando aún no levantaba un palmo del suelo. Su padre trabajaba de vez en cuando como estibador en el Puerto de Málaga. Allí, en sus amplias explanadas, veía jugar al fútbol a los ingleses. "Como trabaja a deshoras, la mujer le llevaba una capacha con la comida y se traía a la niña. En Cortina del Muelle había reuniones de sport", relata.

Un equipo de Málaga contra una escuadra inglesa (1920).Antonio F. Urdiales

Málaga Nita Carmona, la futbolista de Málaga 'lapidada' en el estadio que regateó al machismo en el siglo XX

En aquellos tiempos, el fútbol no era un deporte de masas como ahora. Aunque el virus iba entrando poco a poco por medio de la pelotita de los ingleses, sus inventores. Eso se fue trasladando a los barrios de la capital como Capuchinos y Mangas Verdes, entre otros. "Ella se metía a pegarle patadas a la pelota con ocho o nueve años", afirma el periodista.

"Esta pionera jugadora de fútbol fue muchas veces invitada con 15 años por José Del Pino, fundador del Victoria Eugenia para jugar encuentros en el desaparecido campo del Rosaleda Stadium, que por entonces existía cercano al hoy día Estadio de La Rosaleda", le trasladó Miguel Ángel Carmona, familiar lejano de Anita, al periodista.

En el campo de las Escuelas Salesianas (el Oratorio Festivo que más tarde pasó a ser el campo de Segalerva, ya desaparecido), el padre Francisco Míguez Fernández organizaba partidos. Él mismo construyó las humildes instalaciones con ayuda de los propios estudiantes, pico y pala mediante, en 1925. El sacerdote, fundador del Sporting de Málaga, fue uno de sus principales valedores.

Cartel de promoción del equipo salesiano.Jesús Hurtado / Velezedario

Su otro gran apoyo lo encontró en su abuela Ana, una mujer muy beata que trabajaba zurciéndole la ropa a los curas y a los alumnos salesianos. Nita acabó echándole una mano lavando la equipación del Sporting de Málaga. "Ella tenía acceso al recinto deportivo porque iba a llevar la canastilla con la ropa. Se ganaba al encargado y jugaba allí", relata.

La malagueña entrenaba a escondidas en el extinto y famoso campo de Segalerva, en Capuchinos. Su familia vivía muy cerca. "Nita practicaba frente a la pared y se ponía las botas que podía. Eso ya suponía una ventaja frente a los que iban a jugar a los partidos en esa época, que ni siquiera entrenaban. Durante días ni aparecían por allí", aclara.

Un chavea en el campo

La historia de esta jugadora de leyenda está íntimamente ligada a la del Sporting de Málaga, su primer equipo. "Como en aquellos tiempos no siempre iban todos a jugar, cuando faltaba alguien la ponían. Se recogía el pelo con un gorrito y se vestía como un hombre. En aquel momento se llevaba la ropa muy holgada. Los calzones eran casi hasta las rodillas y las medias eran muy altas. Pasaba por un chavea", asegura. Acabaría saltando al césped en 1925.

En el Sporting de Málaga coincidió con dos futbolistas muy importantes: Quero y Bilba Torrontegui. Este último, después de jugar en el Sporting y otros equipos, llegó a vestir la camiseta del Sevilla como delantero. Fue uno de los fichajes locales más sonados de la época. "Torrontegui jugó en la famosa delantera del Sevilla formado López, Campanal, Raimundo, Berrocal y él mismo. La conocida como delantera Stuka en honor a los bombarderos alemanes", precisa Hurtado.

Figura de futbolín de Veleta.

Bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) se prohibió a las mujeres jugar al fútbol y Nita empezó a correr peligro. "Hay chivatazos de los compañeros del equipo porque ella jugaba y ellos no; o la llamaban antes que a otros porque lo hacía mejor. Entre esto y la furia machista que había entonces en un deporte muy misógino, muchos se quejaron", se lamenta.

Arrestos y descalificaciones

Tras las denuncias, la jugadora recibió varios castigos por alteración del orden público. "Llegaron a raparle el pelo y a detenerla en comisaría. Al ser menor de edad la solían soltarte con la ayuda del padre Míguez", precisa Hurtado. Mucha gente iba para ver al partido y otros para abroncarla. Incluso le tiraban piedras, la perseguían y le daban patadas cuando descubrían su identidad. Finalmente, dejó de jugar con el Sporting en casa, pero sí en otros pueblo y barrios donde no sabían mucho de ella.

"Llega a casa sudada, con arañazos y hematomas, siendo muy joven. "¿Esta niña donde está metida?", se preguntan sus padres, que la castigan durante un tiempo prohibiéndola salir de casa", cuenta el periodista. Tenía además un tío médico que le aconsejó a la familia que la niña no jugara al fútbol porque era perjudicial para la salud de las mujeres. Nita se intentó abrir paso en un deporte que entonces era cosa de hombres (y que todavía sigue arrastrando prejuicios contra ellas).

La situación se puso tan tensa que el padre Míguez le aconsejó que cambiara de aires, o al menos que se fuera un tiempo mientras la cosa se serenaba. Nita acabó mudándose a Vélez-Málaga donde tenía familia. Allí jugó con el equipo local durante tres años, teniendo como compañeros en la media a Antonio Castaños y Alfonso Bermúdez. Ahí es cuando aparece Veleta en la relación de jugadores en los periódicos. Quizá su nombre atiende a ese cambio de aires.

-¿Qué diría Nita al ver a tantas mujeres dedicándose al fútbol de forma profesional?

-Estaría flipando porque hoy día el fútbol femenino ha dado equipos grandísimos. Si ella viera jugar a la selección americana, la francesa, la española... O a las niñas del Málaga. La sociedad ya las ve de otra manera diferente. Estaría entusiasmada de ver jugar a las mujeres con una libertad enorme.

Incluso hay casos actuales y rompedores como el de Mireia Rodríguez, primera mujer en un equipo de balonmano masculino, y el de Loui Sand, primer jugador trans en la historia del balonmano masculino sueco, que ha fichado por el Kärra. Unidas Podemos ha propuesto que la ciudad le ponga una calle a esta malagueña también transgresora a su manera.

La coalición de Podemos e Izquierda Unida solicitará a la Comisión de Calles del Ayuntamiento la concesión de una vía en homenaje a "la malagueña del barrio de Capuchinos que a principios del siglo XX fue pionera en la práctica del fútbol en equipos de hombres como el Sporting de Málaga y el Vélez CF; que se vio obligada a entrenar a escondidas y jugar travestida y que sufrió insultos, agresiones y detenciones".

El autor de 75 años de fútbol en Vélez conserva una pequeña imagen suya donde aparece vestida de futbolista (la que aparece como principal de este reportaje). "La fotografía en aquella época era un artículo de lujo. Ella era de una familia muy modesta. Aprovecha los Carnavales para disfrazarse de futbolista y se hace una instantánea en un estudio con una camiseta y unas botas", narra. Quien le iba a decir que aparecía su cara en un futbolín o su historia en tesis universitarias.

Un futbolín dedicado a la jugadora de leyenda.J. H.

El periodista sigue investigando el porvenir de Nita, cuya historia se topa con él en un momento donde el fútbol femenino tenía muy poco tirón (frente a su auge actual). "Deja de jugar un tiempo y muere prematuramente por el tifus, que golpea a Málaga. El virus era conocido popularme como piojo verde", detalla.

Al sepelio acudieron compañeros de sus dos equipos, quienes hicieron una pequeña colecta para costear los gastos. Nita pidió ser enterrada con la camiseta del Sporting de Málaga, el club que le abrió las puertas a su sueño mientras ella, sin saberlo, rompía el techo de cristal con sus hábiles y fuertes balonazos.

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