El riesgo de las agresiones sexuales por sumisión química entre jóvenes conocidos: "No recordaba nada al despertar"

El riesgo de las agresiones sexuales por sumisión química entre jóvenes conocidos: "No recordaba nada al despertar"

“Cuando aparecen violaciones en las películas lo típico es que la víctima sea una chica que va por la calle y entonces un hombre desconocido la agarra por detrás, pero hay muchos tipos de violaciones. Te puede pasar también en un ambiente en el que te creas segura, entre conocidos, como me ha pasado a mí”, dice Sara. Esta llamada de atención, dirigida de forma directa a otras chicas jóvenes como ella, la verbaliza después de haber estado cuatro meses procesando una dolorosa mezcla de sensaciones: agobio, miedo, tristeza, vergüenza, culpabilidad, asco y sobre todo impotencia. Mucha impotencia.

Relatar la agresión sexual que sufrió este verano le hace daño porque supone revivir ese dolor, pero la joven, de 18 años, ha decidido contar su vivencia a RTVE.es con el único propósito, dice, de concienciar sobre el aumento de la sumisión química entre jóvenes y de ayudar a que otras chicas sepan cómo actuar si se ven en una situación similar.

En su caso hubo lo que los expertos definen como "sumisión química proactiva", es decir, su agresor le administró alguna sustancia química sin que ella lo supiera, algo que, según describen otros jóvenes y confirman varias expertas en violencia sexual, es demasiado frecuente en la actualidad.

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Agredida en una fiesta de amigos: “Me desperté con una ropa distinta”

Durante la larga conversación mantenida con este medio, el ejercicio que Sara (nombre ficticio) intenta hacer para protegerse de su propia historia es narrar el episodio de agresión sexual sufrido de manera “mecánica”, como si la memoria no fuera suya, como si contara la experiencia de otra persona. Sin embargo, por momentos la joven se detiene en el relato y son los silencios los que expresan que la angustia sigue muy arraigada en su cuerpo.

“Me invitó una amiga de la universidad a una casa que había alquilado con otras amigas para pasar el fin de semana. Fueron también otros amigos y conocidos de ella. Por la noche hicimos una especie de fiesta, con música, y todo bien. Yo en general no bebo apenas, no me gusta, pero me bebí una copa porque veía a los demás más animados. Fui a echarme la segunda y a partir de ahí no me acuerdo de nada más”, cuenta Sara, que reside en Madrid.

Pasarían al menos cinco horas hasta la mañana siguiente, pero en la cabeza de la chica hay una especie de "vacío" sobre lo que ocurrió en ese tiempo.

“Cuando me desperté lo primero que hice fue mirarme y vi que tenía una ropa distinta a la que llevaba durante el día. No recordaba nada. Fui al baño y noté que me dolía (al orinar). Me empecé a asustar mucho. Pregunté a mi amiga y me dijeron que me había ido con uno. Yo les dije: ‘Es mentira, ¿no? Me empecé a agobiar de una forma increíble. Me venian como 'flashback' pero no era capaz de recordar bien nada y no encontraba mi ropa”, explica.

La confusión impide reconocerse como víctima y denunciar

La joven se detiene entonces para puntualizar que, cuando ella sale de fiesta, siempre es “la responsable, la que controla”. Por eso, entre el miedo y la angustia, se mezclaron en ese momento la vergüenza y la culpa. Le pedía perdón insistentemente a su amiga porque le preocupaba mucho, dice, "la impresión" que se pudiera haber llevado de ella.

“Yo no paraba de llorar y le explicaba todo el rato que yo no soy así, pero, como mi amiga nunca me había visto borracha, ella pensó que actué así por el alcohol (...) Después también empezó a darme mucho miedo el no saber con cuál de ellos era con el que supuestamente me había acostado. No sabía si había usado preservativo. Me sentía sucia, solo quería llegar a mi casa y ducharme”, recuerda Sara.

El riesgo de las agresiones sexuales por sumisión química entre jóvenes conocidos:

Lo siguiente fue pedir que le pasaran “el instagram” del presunto agresor, al que le habían presentado la noche anterior, y su teléfono. Ella le escribió por WhatsApp y él le dijo, entre risas, que iba "muy ciega de alcohol" (recalcando que fue por el alcohol) y se ofreció a pagarle la 'píldora del día después' para que se quedara "más tranquila".

La joven no fue capaz de acusarlo directamente porque en ese momento no se reconocía como víctima y porque sentía que "no tenía pruebas". Por esas mismas razones y por el desconocimiento no acudió al hospital ni denunció.

“No se trata de vivir con miedo, pero ya que no podemos cambiar cómo actúan ellos, al menos puede ayudar que nosotras seamos conscientes de que esto es real y sepamos cómo actuar. A mí me ha pasado en un lugar en el que me sentía segura, en una casa a la que me invitó una amiga y donde había gente que parecía de fiar (...) Últimamente también veo en mis redes a muchas chicas que dicen ‘tened cuidado porque en tal discoteca están echando droga en las bebidas’”, lamenta Sara, que está recibiendo ayuda psicológica para abordar el trauma.

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Según datos del Ministerio del Interior, en lo que va de año se han registrado 49 denuncias por agresiones sexuales en las que se ha suministrado drogas o fármacos a la víctima sin su conocimiento. Son un 75% más que en el total del año 2015 (cuando hubo 28), un dato que, explican desde ese departamento, "va en paralelo al aumento de los delitos contra la libertad e indemnidad sexual" que se viene experimentando en los últimos años. En cualquier caso, las estadísticas no se ajustan del todo a la realidad, según los expertos.

Preguntada por el aumento de sumisión química en locales de ocio nocturno y el movimiento #DenunciaTuBar, la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell, ha señalado que las denuncias solo "nos estan mostrando el 11% de la realidad de violencia sexual" y también desde el Instituto Nacional De Toxicología y Ciencias Forenses de España (INTCF) afirman que hay "infradenuncia" en estos casos.

"Lo que sí hemos podido constatar es que ha aumentado el número de casos recibidos de delitos contra la libertad sexual en los que se nos solicita la investigación de sustancias químicas. Sobre todo ha aumentado el número de peticiones dentro del contexto que denominamos vulnerabilidad química, es decir, sumisión química oportunista en donde el agresor se aprovecha del estado de la víctima tras el consumo voluntario de sustancias psicoactivas", señala Begoña Bravo, jefa del Servicio de Química del departamento de Madrid de INTCF.

Preocupación en el ámbito universitario: "Hay alumnas que vienen a pedir ayuda"

Desde el área de Igualdad de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) afirman que las agresiones por sumisión química, tanto las de tipo proactivo como las de tipo oportunista, están creciendo entre los jóvenes.

"Estamos muy preocupadas por el tema de la sumisión química, obviamente. No es que se hayan dado casos en el campus, pero sí lo han sufrido alumnas que han venido a la Unidad de Igualdad a pedir ayuda. Nosotras desde el dispositivo de atención psicológica y desde el dispositivo de atención social las acompañamos, pero la denuncia la tienen que poner en la Policía y no siempre quieren hacerlo", explica Isabel Tajahuerce, profesora y delegada del Rector para la Igualdad en la UCM.

Debido al aumento de casos, en esta universidad han decidido empezar a registrar las agresiones sexuales y están desarrollando una guía de actuación específica. Además, han organizado algunos talleres sobre sumisión química en los que explican al alumnado cómo los agentes químicos manipulan la voluntad de las personas y cómo deben proceder si creen que ellos mismos o algún compañero ha podido ser víctima.

"Nosotras no trabajamos solo en la sumisión química a través de drogas, sino también de lo que ha sido tradicionalmente la gran sumisión química, el alcohol, que lleva a un estado en el que no se puede dar el consentimiento (...) Esto también está ocurriendo ahora y lo que nos alarma es que muchas veces esas agresiones se producen en el entorno próximo de la víctima, o sea, entre supuestos amigos", añade Tajahuerce, que se pregunta: "¿Qué tipo de masculinidad se está construyendo cuando agredes a una amiga o a una compañera porque estaba drogada o porque ha bebido excesivamente y no puede dar ese consentimiento? ¿Qué está ocurriendo?

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La Universidad de Valencia patenta un 'kit' para detectar el GHB en bebidas

También en la Universidad de Valencia (UV) llevan unos meses impartiendo este tipo de formación a estudiantes en el marco de un proyecto llamado 'NOSUM'. Además, ponen en práctica junto a los alumnos un ‘kit’ personal para la detección de la droga GHB (conocida como éxtasis líquido), que ha sido desarrollado recientemente por el grupo de investigación MODeLic, de esa misma universidad.

Empar Vengut, farmacéutica y miembro del grupo ScienceFlows de investigación en Comunicación Científica de la UV asegura estar “sorprendida” por el número casos de sumisión química que ha conocido en este tiempo. No todas las víctimas han llegado a sufrir abusos o agresiones sexuales, puntualiza, pero sí hay muchas que detectaron haber sido intoxicadas sin saber bien con qué finalidad.

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“Hay personas (la mayoría chicas) que nos han escrito porque les había pasado y otras que contaban algún caso conocido. Incluso algunas amistades mías con las que hacía tiempo que no hablaba me contaron que este verano a ellas les había pasado. Al hablarlo de manera abierta ves que hay más gente que lo ha sufrido”, señala Vengut.

Esta investigadora da por hecho que el uso premeditado de estas drogas se pueda dar a veces entre conocidos y cuenta: “En unos talleres que hicimos nos dijeron que en Fallas esto estaba a la orden del día, pero ya no era solo para abuso o agresiones sexuales, sino de cachondeo, es decir, tus amigos te ponían algo en la copa y tú no lo sabías. Uno lo comentó y los demás dijeron ‘sí, sí, es verdad’”.

Sustancias de "fácil acceso" en internet

En los casos de sumisión química premeditada, las sustancias más frecuentes, según indica Bravo, son las que tienen acción hipnótica, como las benzodiacepinas. En la sumisión oportunista o mixta las sustancias más comunes son alcohol etílico, cocaína o cannabis, a veces combinadas "con tratamientos farmacológicos propios de la víctima" como pueden ser antidepresivos, antipsicóticos o antihistamínicos.

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La doctora Gabriela Peña y Lillo, que trabaja en las urgencias del Hospital Infanta Leonor, advierte de que "hay sustancias que no tienen sabor, olor ni color" y que son "el producto perfecto para la sumisión" porque generan los efectos que se buscan "sin necesidad de ser suministradas en altos niveles". Además, dice, "se pueden comprar en internet y los jóvenes puede acceder fácilmente a ellas".

Dado que muchas de esas drogas, como el GHB o la escopolamina (la conocida como burundanga), desaparecen muy rápido del organismo, esta y otras sanitarias recalcan la importancia de actuar con rapidez ante cualquier sospecha.

"Es importante que si alguien cree que han sufrido una agresión de este tipo venga cuanto antes al hospital. Tienen que saber que estamos aquí para ayudarles, no para fiscalizar ni para juzgar", subraya la doctora Ana Martínez Virto, Presidenta de la Comisión de Violencia del Hospital Universitario La Paz, quien percibe un aumento de la sumisión química para distintos fines desde el año 2015.

Por último, Peña y Lillo incide en la importancia de mejorar los protocolos sanitarios de violencia sexual con el fin de evitar la "revictimización" y pide poner el foco en la base del problema: "Aunque estemos enfocados en dar el apoyo y resguardo a las victimas tenemos que intentar resolver qué es lo que está pasando con los jóvenes que están comprando sustancias para abusar o agredir sexualmente. Habrá que hacer un análisis y replantearnos qué educación estamos dando a estos jóvenes", concluye la doctora.